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Investigadores de la UVA diseñan una metodología para aplicar la inteligencia competitiva

En algunas ocasiones, una pequeña o mediana empresa (pyme) invierte tiempo, dinero y esfuerzo en diseñar un nuevo producto y, cuando llega el momento de patentarlo y lanzarlo al mercado, descubre que su desarrollo ya existía. En otras ocasiones, el producto se llega a patentar y aterriza en el mercado, pero pasado un tiempo fracasa.
Reducir al máximo posible estos riesgos en la I+D+i y, en último término, optimizar los recursos disponibles, es el principal objetivo de la Inteligencia Competitiva. Se trata de una herramienta empresarial que busca conocer a fondo la situación interna de la propia empresa mediante la gestión de conocimiento, monitorizar el entorno a través de la vigilancia tecnológica y transmitir esa información a los responsables para apoyarles en la toma de decisiones.
Investigadores del Departamento de Organización de Empresas de la Escuela de Ingenierías Industriales de la Universidad de Valladolid (UVA) han desarrollado una metodología para aplicar la Inteligencia Competitiva de forma sencilla, enfocada a organismos con pocos recursos, tanto pymes como grupos de investigación de pequeño tamaño, para hacerlos más competitivos.

[22/05/2015] mayo 2015
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“Hemos analizado el estado del arte sobre las metodologías de la Inteligencia Competitiva y la vigilancia tecnológica y hemos creado la nuestra propia. Es una metodología ligera para que una pequeña empresa o grupo de investigación no tenga que invertir mucho tiempo y esfuerzo en llevarla a cabo”, explican Pedro Sanz, profesor de la Escuela de Ingenierías Industriales de la UVA, y Jesús Galindo, quien está realizando su tesis doctoral en torno a esta materia.

El modelo diseñado se asienta en tres pilares fundamentales: la gestión del conocimiento, la vigilancia tecnológica y la gestión de resultados, herramientas que se utilizan por separado en la Inteligencia Competitiva y que, a través de esta nueva metodología, se agrupan e interconectan mejorando todo el proceso.

La gestión del conocimiento es el punto de partida. “Es necesario conocerse a sí mismo, a los proveedores, a los clientes, al entorno, etc. para saber lo que una empresa o grupo de investigación necesita ya que muchas veces se lleva a cabo la vigilancia tecnológica, que es el segundo paso, sin tener muy claras las necesidades”, subrayan.

Para ello, han desarrollado un cuestionario y un procedimiento para su realización: en una primera visita a la entidad se formulan preguntas genéricas sobre las necesidades de la empresa. Las respuestas se analizan y se organiza una segunda visita, con preguntas más dirigidas, que se vuelven a examinar. De estos análisis se obtienen unos resultados que indicarán hacia dónde tienen que dirigirse los esfuerzos en I+D+i.

Vigilancia tecnológica

Una vez que se tienen claras las necesidades, se procede a la vigilancia tecnológica, un proceso organizado de captación y análisis de información científico-tecnológica a través del cual se localizan las principales tendencias tecnológicas, las últimas novedades o los posibles socios y potenciales competidores. Toda esta información se estudia y se pone a disposición de los responsables de la toma de decisiones dentro de la organización, quienes pueden dirigir sus planes y estrategias tecnológicas de forma menos arriesgada y anticiparse a los cambios.

En la metodología desarrollada por los investigadores de la UVA la vigilancia tecnológica se lleva a cabo mediante el estudio de bases de datos de patentes y artículos científicos. “Hemos realizado un estudio de todos los software y herramientas que se pueden utilizar para investigar las patentes, que son productos que están ya cerca del mercado, a fin de que se seleccione la más apropiada en función de las necesidades y los recursos disponibles. Los resultados se apoyan con los artículos de investigación, que generalmente son una fase previa a las patentes. De esta forma nos podemos anticipar a lo que estará en el mercado en 10 o 15 años, y obtener una ventaja competitiva”, señalan.

Por ejemplo, cuando una empresa o grupo de investigación quiere invertir en un nuevo producto y desea conocer si realmente tendría o no futuro, el análisis de las patentes puede ser un elemento clarificador. “Si el crecimiento en el número de patentes no es exponencial, es decir, no crece anualmente, significa que ese producto está decayendo y que por tanto no conviene invertir en ese campo de innovación”, precisan.

Toma de decisiones

El último paso es la gestión de los resultados: la comunicación de los hallazgos realizados y la toma de decisiones. “Nos propusimos mostrar la información más relevante a los decisores en una sola hoja, en vez de entregar un informe extenso, para que no tengan que invertir mucho tiempo. En esta fase entra en juego el factor humano y se trata de facilitar la toma de decisiones o, al menos, orientarla”.

Para testar la metodología, los investigadores la han aplicado a una pyme real dedicada a los suministros industriales, y han obtenido buenos resultados. Esta experiencia les está permitiendo ajustar todos los elementos y concluir la puesta a punto del modelo.



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