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ALFONSO XIII Y LA UNIVERSIDAD DE VALLADOLID

En el pasado la visita de un monarca a la universidad fue algo tan excepcional como lo puede ser hoy. Aprovechando la estancia ocasional del soberano en la ciudad se organizaba una ajustada programación para satisfacer a todos los estamentos sociales –militar, político, religioso y cultural- que contemplaba la celebración de distintas ceremonias protocolarias en el ayuntamiento, la catedral, los acuartelamientos y la universidad. A lo largo del siglo XIX la de Valladolid tuvo ocasión de acoger en su recinto a Fernando VII (7 de julio de 1828), Isabel II y su esposo Francisco de Asís (26 de julio de 1858), Amadeo de Saboya (20 de julio de 1872) y Alfonso XII (6 de octubre de 1878). La breve visita del rey a las instalaciones universitarias era aprovechada para que el rector, acompañado por el claustro de profesores, cumplimentase al monarca, le enseñara las dependencias más representativas al tiempo que el soberano presidía algún acto académico extraordinario. De ahí que no deje de ser curiosa la peculiar visita que realizó Alfonso XIII ya que no tuvo un carácter universitario.

[15/01/2016] enero 2016
Museo de la Universidad de Valladolid (MUVa)
Valladolid
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Alfonso XIII en el nuevo edifico de la Universidad
En dos publicaciones relativas a Valladolid editadas a comienzos del siglo XX, la Guía de Agapito y Revilla (1915) y el Compendio y Guía de González García-Valladolid (1922), se afirma que el nuevo edificio de la universidad vallisoletana construido a partir de 1909 lo inauguró el monarca Alfonso XIII el día 15 de octubre de 1915 coincidiendo con su asistencia al X congreso de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias. Quizás eso fuese lo previsto pero en realidad el congreso al que acudió el soberano se desarrolló durante los días 17 a 22 de octubre y no hubo inauguración oficial del nuevo centro aniversario que ahora cumple los cien años.


En efecto, la prensa de la época, cronista del viaje a Valladolid del rey, confirma que fue el día 17 cuando estuvo en el edificio de la universidad aunque el motivo no fuese el de proceder a su inauguración sino a contemplar la exposición que en su interior habían montado los organizadores del congreso científico. De hecho, la demora en la conclusión del proyecto del arquitecto Teodosio Torres provocó que su apertura pública pasara sin pena ni gloria en 1916 coincidiendo con la apertura del curso académico 1916-1917.


La visita del monarca, acompañado de Eduardo Dato [presidente del Consejo de Ministros], José de Saavedra y Salamanca [marqués de Viana y Caballerizo Mayor], Luis María de Silva y Carvajal [conde de la Unión y duque de Miranda], general Manuel Fernández Silvestre y José Quiñones de León [embajador de España en París], estuvo precedida por otros actos. Al salir de la estación ferroviaria del Norte se dirigió a la antigua Academia de Caballería, vestido de uniforme de diario de Lanceros e insignias de Capitán General, para asistir a la jura de bandera de su alumnado. Luego se trasladó a la barriada de la Rubia donde inauguró la Ciudad Jardín de Alfonso XIII, colonia de “casas baratas” unifamiliares para obreros construidas por la empresa Fomento de la Propiedad de Barcelona; y, posteriormente, al Ayuntamiento donde le cumplimentaron las autoridades locales. Tras un breve descanso, y con uniforme de gala del Arma de Caballería, marchó al Teatro Calderón donde presidió la inauguración del congreso. Al terminar se dirigió a la universidad, convertida en sede de la exposición científica.


En ella le recibió el rector Nicolás de la Fuente Arrimadas, el claustro de profesores, el presidente del congreso José Rodríguez Carracido, el organizador de la exposición Torres Quevedo y el general Ricardo Aranaz. La maquinaria, piezas, objetos y demás inventos se expusieron en cuatro espacios diferentes del edificio. La visita se inició por el Paraninfo, donde las academias militares exponían sus materiales. Su gran tamaño y el no estar aún amueblado lo hacían idóneo para esta finalidad. Los coroneles y profesores de los respectivos centros le informaron sobre los trabajos de sus alumnos mostrando Alfonso XIII especial interés por la sección de artillería donde el general Aranaz le explicó los modelos de armas y proyectiles, en particular la “granada rompedora y las muestras de explosivo”. A continuación, la comitiva subió a la primera planta para contemplar en “tres amplias salas” el instrumental presentado por particulares, el de los laboratorios de las facultades universitarias, el del taller de Automática y el de los establecimientos fabriles dependientes del Ministerio de Guerra. Allí se detuvo largo tiempo presenciando el funcionamiento del Ajedrecista mecánico, la maqueta del Transbordador y el Telekino del ingeniero Torres Quevedo, al que dedicó calurosas palabras de complacencia.


El Heraldo de Madrid en la edición de aquel mismo día aseguraba que el monarca había hecho una “visita detenidísima a las instalaciones” pero en la del 18 señaló que se había limitado a hacer “una rápida excursión” a las salas de exposición, opinión que parece más creíble si se tiene en cuenta que salió de la universidad a mediodía. Un indiscreto comentario del presidente del congreso parece confirmarlo: “Cuidado que recibe impresiones distintas en un solo día, el Rey. Yo defino al Rey como una persona que desea ir a todas partes para marcharse en seguida de ellas”.


Del fugaz paso del monarca por los nuevos salones universitarios existe constancia gráfica. Dos instantáneas fueron tomadas en el Paraninfo, una de ellas por Alfonso, donde se ve al rey conversando con el general Aranaz, situados entre el tercer y cuarto ventanal de la sala, pudiéndose apreciar que todavía no disponía de su definitivo decorado el cual no se completaría hasta 1924.


Resulta difícil precisar en qué espacios se obtuvieron las otras dos fotografías del monarca; quizás en la que el rey conversa con varios militares, tomada por J. Vidal, fuese también el paraninfo, debido a la altura que poseía la sala, el suelo de la misma y su iluminación lateral. En la segunda, obtenida por Gallet, se le ve de espaldas comentando una de las piezas expuestas pero no se aprecia referencia espacial alguna que ayude a identificar el lugar.


Una última fotografía, tomada desde el interior del zaguán de acceso al edificio por la calle de Librería, captó el momento en que el rey abandona la Universidad y se dirige a su automóvil entre un gentío de asistentes, curiosos a pie de calle o en los adornados balcones. La mala calidad del papel impide ver con claridad la interesante instantánea obtenida por el fotógrafo Alfonso, distinguiéndose la silueta recortada de hueco de la puerta, la sombra que en las fachadas de las casas fronteras proyecta el torreón del observatorio metereológico y el ambiente festivo de la calle.


Alfonso XIII y su séquito dejó la Universidad a mediodía sin detenerse en visitar la Facultad de Medicina porque, en su “breve visita”, “nadie le llamó la atención” sobre este asunto “dibujándose en el rostro de los distinguidos catedráticos una leve tristeza”. El programa regio continuó con la visita a la Casa de Cervantes, recién adquirida por el monarca y cuyas dependencias le mostró el marqués de la Vega Inclán. Por último, regresó a la estación ferroviaria para seguir viaje a San Sebastián.


Retratos de Alfonso XIII en la Universidad

El espacio más importante del antiguo edificio universitario era la sala de claustros, lugar de reunión del estamento docente donde se trataban y decidían los asuntos relativos a su gobierno y que cumplía funciones de representación, la cual estuvo adornada desde el reinado de Felipe V por la galería de retratos pintados al óleo de los sucesivos monarcas mientras que el del soberano reinante, bajo dosel, presidía el recinto.


La costumbre cambió en 1902 cuando ciñó la corona Alfonso XIII. En esta ocasión no fue un óleo sino una fotografía la que se convirtió en imagen oficial del rey en la universidad. El retrato del joven soberano, de cuerpo entero, medía 2 m de alto (aprox.) con su marco. Como hemos dicho en otra entrega, el retrato fotográfico tenía ventaja con respecto al pictórico por su inmediatez y abaratamiento de coste. Gracias a varias fotografías de la sala de claustros tomadas en 1909 por “foto Sport”, podemos comprobar que los retratos de sus antepasados en el trono se hallaban colgados de las paredes laterales. Allí volvió a instalarse el mismo retrato fotográfico del rey una vez construido el nuevo edificio, convertido el espacio de la antigua sala de claustros en sala de conferencias, según se aprecia en foto obtenida en 1919 por Santos Peña al crearse la cátedra de geografía histórica patrocinada por el mecenas Gervasio Fournier.


El paso del tiempo obligó a disponer de una imagen más actual del soberano, la cual se puede observar en fotografía tomada el 3 de noviembre de 1925 en la sala de conferencias de la universidad durante el acto de clausura del IV congreso de la Confederación de estudiantes católicos. Aproximadamente del mismo tamaño que el anterior, el rey vestía de militar, con casco de plumas en su cabeza. Este retrato fue hecho pedazos por varios alumnos contrarios al Gobierno el 20 de abril de 1929.


El fotógrafo Filadelfo González (con estudio en la c/ Duque de la Victoria,10) facilitó el 30 de junio otro retrato de S.M., provisto de su correspondiente marco dorado, que a juzgar por su precio (60 ptas. más 35 ptas. del marco) sería de tamaño inferior al destruido. Sería algo provisional pues el mismo fotógrafo entregó, el 31 de marzo de 1930, otro retrato del rey, de cuerpo entero (2,15 x 1,00 m.), cuyo precio ascendió a 300 ptas. Al mismo tiempo Filadelfo cumplimentó el encargo de una “fotografía ampliada de la fachada de la Universidad con un marco de color caoba” por la que cobró 100 ptas., que hoy decora el despacho rectoral.


Afortunadamente, la universidad conserva un estimable retrato al óleo de Alfonso XIII, obtenido cuando contado 31 años, vestido con uniforme de gala del arma de Caballería (1,24 x 0,94 m.) y sentado en un sillón. Hemos podido averiguar que lo encargó la Facultad de Medicina al pintor, profesor de Dibujo Artístico y Elementos de Hª del Arte en la Escuela de Artes y académico de la Purísima Concepción, Luciano Sánchez Santarén [Mucientes, 1864–Valladolid,1945] para que presidiera el decanato de esa facultad. El artista lo entregó concluido el día 15 de octubre de 1917 y su precio ascendió a 430 ptas. Sale pues del anonimato en que se hallaba.


Su composición es muy parecida a la instantánea fotográfica del rey obtenida en 1916 por Kaulak (Antonio Cánovas del Castillo y Vallejo; Madrid 1862–1933). Fotografía y pintura, muestran a Alfonso XIII de tres cuartos con las manos entrelazadas, codos apoyados en los reposabrazos, piernas semiabiertas con el sable entre ellas y borlones del fajín de general colgando por el lateral del sillón. No obstante, se aprecian diferencias en el uniforme, insignias y distintivos: en el retrato vallisoletano se puede identificar, en el cuello de su uniforma, el distintivo del regimiento de caballería Farnesio nº5 y su pecho ostenta el pendant del Toisón de Oro así como las cruces de San Fernando y las propias de Santiago, Calatrava, Montesa y Alcántara; también se reconoce la placa y banda de la orden de Mérito Militar y la placa de la orden de Carlos III.


La universidad disponía de más reproducciones fotográficas con la efigie del monarca, la mayoría de formato reducido destinadas a presidir distintas dependencias, como el despacho rectoral, o algunas aulas. Además, sabemos que contó con un retrato fotográfico del infante don Jaime de Borbón, que visitó la universidad el lunes 16 de abril de 1928 y para el que se adquirió en diciembre un marco que costó 7,50 ptas.


Puede recordarse también aquí que durante el mes de noviembre de 1924 la Biblioteca universitaria de Santa Cruz, con motivo de la exposición conmemorativa del III centenario de la muerte del P. Luis de la Puente, s.j., estuvo presidida por un retrato al óleo del monarca. En una fotografía panorámica de su interior se aprecia que estuvo situado en el testero de la izquierda, sobre la puerta de entrada al despacho de dirección, y aunque a primera vista puede pensarse que se trataba del mismo retrato pintado por Sánchez Santarén para Medicina, las tonalidades diferentes que se distinguen en su uniforme lo descartan. Por desgracia, la crónica redactada con motivo de este acontecimiento no precisó ni su autor ni quién era su propietario.


Proclamada la II República en 1931 los retratos del monarca fueron retirados pero no se borró su nombre ni se picó el escudo monárquico que presidía el interior del paraninfo. El 6 de marzo de 1933 el gobernador civil, Luis Lavín Gautier, pidió a la universidad que informase sobre los retratos que poseía de los dos últimos monarcas españoles y si tenían o no valor artístico. Dos días después, el rector Andrés Torre Ruiz contestó que se habían guardado y estaban almacenados en el decanato de la facultad de medicina, en su correspondiente guardamuebles, precisando que “a juicio del rectorado” carecían de valor artístico. Sólo declaró la existencia de uno, en tela, de Alfonso XII; otro, igual, de Alfonso XIII; y cuatro fotografías de este último, refiriéndose al retrato del primero firmado por Blas González-García Valladolid (1881) y al de Alfonso XIII, original de Luciano Sánchez Santarén (1917); las fotografías serían la del último monarca de hacia 1902 y las suministradas por Filadelfo en 1929 y 1930.


Sorprende el juicio de valor expresado por el rector sobre las dos pinturas, más aun sabiendo que era hombre de letras y de extensa cultura. ¿Acaso su opinión estaba condicionada por su ideología republicana o trataba de evitar la incautación de las obras? El hecho de retirar y guardar los retratos en el decanato de medicina fue una acertada decisión ya que así sobrevivieron al incendio que en abril de 1939 acabó con buena parte del patrimonio de la universidad. Hoy el retrato de Alfonso XII se encuentra expuesto en el Museo de la Universidad (MUVa) y el de Alfonso XIII preside la sala de juntas de medicina. En cambio, ignoramos la suerte que corrieron los cuatro retratos fotográficos.

La universidad de Valladolid, junto con las demás universidades literarias, solicita para Alfonso XIII el título de Rector Honoris Causa
El 17 de mayo de 1927, con motivo del XXV aniversario del reinado efectivo del monarca, las universidades literarias del reino acordaron homenajearle otorgándole el título de Rector honoris causa de todas ellas y la madrileña, además, el doctorado honoris causa. El ponente de tal propuesta fue Elías Tomo, catedrático de Hª del Arte de la universidad Central, impulsado por los continuos desvelos del rey en favor de la prosperidad de la universidad española y sus esfuerzos por culminar el proyecto de la Ciudad universitaria de Madrid.


Seguramente la idea del título de Rector honoris causa fue consecuencia de la creación en 1920 de la figura del Doctor honoris causa y no debe confundirse con el título de rector honorifico pues, mientras que con el primero se premiaba a alguien que nunca había participado del gobierno de la universidad, el segundo honraba a un ex-rector.


A lo largo de los meses de abril y mayo de aquel año las universidades iniciaron los trámites oportunos para el nombramiento. El 12 de abril fue cuando la vallisoletana aprobó en su claustro, por unanimidad, esta propuesta al considerar “a nuestro augusto monarca como decidido protector de la cultura patria y autor de sabias iniciativas encaminadas todas a restaurar nuestras grandezas universitarias”. La decisión se elevó el 30 de abril a la superioridad pero no se obtuvo respuesta alguna.


Alfonso XIII nunca llegó a aceptar esta dignidad, bien fuera por decisión propia o por factores de presión externos. El 7 de mayo de 1927 el Ministerio de Instrucción Pública emitió un comunicado recogido en la prensa nacional:


"Su Majestad el Rey, que agradece el homenaje que le ha tributado la Universidad española al nombrarle todas las del reino su Rector "Honoris Causa", y además la de Madrid doctor "Honoris Causa", como testimonio de gratitud por el interés que al Monarca inspiran los problemas universitarios, revelado en su deseo de que quede como única conmemoración del XXV aniversario de su venturoso reinado la construcción de la Ciudad Universitaria, ha expresado su voluntad de que se aplace la ejecución de tales acuerdos de los claustros hasta que sea un hecho la realización de su hermoso proyecto.
Este nuevo rasgo de modestia de Su Majestad el Rey, muestra de su firme propósito de ejecutar su idea, obliga aún más a la gratitud de los universitarios, que, aunque anhelaban ver las insignias doctorales de la Universidad española junto a las ya otorgadas por la de Oxford, comprenderán y estimarán los altos motivos de la augusta determinación".

 

En aquella época de inestabilidad política, la propuesta no tuvo buena acogida. El propio Tormo recordaba en la primera sesión de la X Asamblea Nacional para la reforma de los estudios universitarios, celebrada del 14 al 17 de febrero de 1928, que los “gozques que están más allá de la frontera” se habían “cebado” en su nombre por ésta, la cual “no había podido ser admitida por el Gobierno, porque el favorecido decía terminantemente que esto no podía aceptarlo”. El catedrático no cesó en su empeño y solicitó a la Asamblea que le ayudase “a pedir que el Gobierno de Su Magestad” diera sanción necesaria “para que se cumpla el voto unánime de las universidades españolas, declarando jefe suyo particularísimo de todas ellas a Su Magestad”. Sin embargo, el ferviente alegato, que fue recogido entre “grandes aplausos”, tampoco convenció al Gobierno pues en la sesión siguiente, la del día 15, el presidente del Consejo de Ministros (el Marqués de Estella) emitió este mensaje:


“S.M. el Rey me ha honrado esta mañana con la expresión de su agrado por las palabras pronunciadas ayer por el señor Tormo, ilustre catedrático, y por la buena acogida que la Asamblea dispensó de ellas, manifestando al tiempo que persistía en su propósito de no aceptar lo que él considera un honor […] hasta que la Ciudad Universitaria no sea una realidad completa, en cuyo caso estimará uno de los títulos más honoríficos que puede ostentar […] del que se investirá muy a su satisfacción en el mismo local que en la nueva Ciudad Universitaria se dedique para actos de tal solemnidad”.

 


El título de Rector honoris causa no arraigó a pesar de que Tormo, esta vez siendo ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, continuaba insistiendo en el tema porque su figura está presente en el Real Decreto del 10 del enero de 1931 que recuperaba parte del ceremonial universitario perdido:


Art. 2: “competerá singularmente a cada Universidad determinar asimismo la naturaleza, formalidades y protocolo en los actos de la apertura de curso y en los de investidura de graduados, tomas de posesión de Catedráticos, de Autoridades académicas, de Rectores, de Rectores Honoris Causa y otros análogos”. Art. 4: “el Rector Honoris Causa tendrá precedencia en la respectiva universidad en los actos oficiales respecto de los Vicerrectores y los Decanos”.

 


Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, que dieron la victoria en las ciudades a las candidaturas republicanas y provocaron la dimisión del Alfonso XIII como jefe del estado, truncaron definitivamente los deseos de las universidades y también el sueño del monarca de ver concluida la Ciudad Universitaria de Madrid.

 

DOCUMENTACIÓN:
Archivo Universitario. Leg. 1350 (Inventario de material destruido por el incendio de 1939, fol. 3), Leg. 2563 (cuentas, factura 144), Leg. 2586 (cuentas, factura 20), Leg. 2561 (cuentas, factura 182), Leg. 2513 (cuentas, factura 137), Leg. 8090 (cuentas, s.f.), Libro 2268 (registro de comunicaciones a la Superioridad, X-1923 a VI-1934, fols. 131 y 204), Leg. 2799 (comunicaciones curso académico 1926-1927 (comunicación n.º 309), Leg. 2823, comunicaciones curso académico 1923-1924 (comunicaciones n.º 20, 148, 193, 427 y 506).
© Biblioteca Nacional de España (Hemeroteca digital) y Blanco y Negro (Hemeroteca digital)

BIBLIOGRAFÍA:
Asociación española para el Progreso de las Ciencias. Congreso de Valladolid 17-22 de octubre. Catálogo de la Exposición del material científico. Madrid, 1915.
J. AGAPITO Y REVILLA. Guía de Valladolid. Valladolid, 1915, pp. 35-36.
J. C. BRASAS EGIDO. La pintura del siglo XIX en Valladolid. Valladolid, 1982, p. 58.
Crónica oficial de la semana y congreso ascéticos celebrados en Valladolid […] con ocasión del tercer centenario de la preciosa muerte del insigne vallisoletano Luis de la Puente. Valladolid, 1925, p. 63.
E. ESPERABÉ DE ARTEAGA. Contestando a Unamuno: la Universidad de Salamanca de 1923 a 1930. Salamanca, 1930, pp. 44 y 45.
Las Universidades del reino. Madrid, 1929, pp. 64, 65 y 86.
R. LÓPEZ MARTÍN. Ideología y educación en la dictadura de Primo de Rivera. Vol. II: Institutos y universidades. Valencia 1995, pp. 172 y 173.
W. RINCÓN GARCÍA. “Retrato del rey Alfonso XIII” en Tradición y Futuro. La Universidad de Valladolid a través de nueve siglos. Valladolid, 2001, pp. 125 y 126.
C. GONZÁLEZ GARCÍA-VALLADOLID. Compendio histórico y guía de Valladolid. Valladolid, 1922, p. 80.

Alfonso XIII en el Paraninfo. Foto Alfonso
[Alfonso XIII en el Paraninfo. Foto Alfonso]
Alfonso XIII en el Paraninfo

Alfonso XIII en el Paraninfo

El rey en la Universidad. Fot. J. Vidal

El rey en la Universidad. Fot. J. Vidal

El rey en la Universidad. Fot. Gallet

El rey en la Universidad. Fot. Gallet

El rey saliendo de la Universidad. Fot. Alfonso

El rey saliendo de la Universidad. Fot. Alfonso

Retrato del rey en el salón de conferencias, 1919. Foto Santos Peña

Retrato del rey en el salón de conferencias, 1919. Foto Santos Peña

Retrato de Alfonso XIII en el salón de conferencias, 1925

Retrato de Alfonso XIII en el salón de conferencias, 1925

Retrato de Alfonso XIII, Luciano Sánchez Santarén, 1917

Retrato de Alfonso XIII, Luciano Sánchez Santarén, 1917

Alfonso XIII. Foto Kaulak, 1916

Alfonso XIII. Foto Kaulak, 1916

El Infante D. Jaime de Borbón entrando en la Universidad, 1928. Foto. Cacho

El Infante D. Jaime de Borbón entrando en la Universidad, 1928. Foto. Cacho



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