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El jardín Botánico de la Universidad

Los jardines botánicos son terrenos destinados al cultivo, investigación, conservación, divulgación y enseñanza de la diversidad vegetal. Aunque existen evidencias que sitúan su origen en el mundo romano y en los monasterios medievales, estos establecimientos no tuvieron su formulación definitiva hasta mediados del sg. XVI, vinculados a las universidades del norte de Italia y a sus respectivos estudios de medicina (Pisa, en 1543; Padua, en 1545; Bolonia, en 1567; Florencia; Pavia…).


En España, la creación de jardines botánicos universitarios fue más tardía, pasando éstos a depender de la denominada cátedra de “simples y yerbas”. Avanzado el sg. XVIII la botánica se desligará de la medicina para integrarse como disciplina en las facultades de ciencias alcanzado, progresivamente, un estatus científico.


Entre los españoles, el jardín botánico universitario más antiguo es el de la Universidad de Valencia (1802 con precedentes en el sg. XVI). La vallisoletana poseyó también su propio botánico, cuya génesis se remonta a 1771 pero que, por diversas circunstancias, no se materializó hasta 1849. De modestas proporciones, se destruyó en 1909 transformándose en un jardín ornamental que sobrevivió hasta la década de 1960.

[26/02/2016] febrero 2016
© De los textos: MUVa
Valladolid
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PROYECTO PARA CREAR UN JARDÍN BÓTANICO. 1771
Gracias a una real provisión dictada el 12 de julio de 1770 por el Consejo de Castilla, ordenando que la Universidad de Valladolid redactase un plan de estudios para reformar su vida académica, surgió la necesidad de crear un jardín botánico y en el claustro del 6 de octubre de 1771 se determina que el “huerto botánico” dependiera de la cátedra de “Simples y Yerbas”, adscrita a la facultad de Medicina.


Esta iniciativa se recogió en el Método General de Estudios por la Real Universidad de Valladolid […], aprobado por el Consejo el día 27 de junio e impreso el 3 de julio de aquel año de 1771, que ordenaba a la Universidad tratase de “buscar medio de poner un huerto botánico para la explicación de simples, y yerbas, acordando los arbitrios con el Ayuntamiento de la misma ciudad de Valladolid. A estas explicaciones deberán asistir los estudiantes, médicos y cirujanos”. Más adelante especificaba que sería “un huerto, o jardín botánico de las plantas medicinales raras, y exóticas para fomentar el estudio de la botánica” seleccionando de acuerdo con la ciudad “los sitios oportunos para este establecimiento” así como “los fondos para costearlo, a lo cual debe concurrir la ciudad, por ceder no solo en utilidad de los cursantes de medicina y farmacia de ese estudio general, sino también en la inmediata, y particular de sus naturales […] promoviéndose también un estudio de pharmacia, con laboratorio chimico, al cual asistan los mancebos de boticarios en horas determinadas”.


El 16 de mayo de 1772 el Consejo aprobó el proyecto previniendo a la Universidad que acordase con el gobierno municipal los “medios y arbitrios” para costear el jardín botánico. La institución académica decidió instalarlo en “dos huertas cercanas al Prado de la Magdalena” que eran propiedad del Ayuntamiento para lo cual éste se comprometió a pagar y poner en debida forma el jardín y su respectivo laboratorio químico siempre y cuando el Consejo diera permiso para costearlo del sobrante de sus Propios. Sin embargo, el 1 de junio el Ayuntamiento comunicó a la comisión universitaria responsable del proyecto que no podía condescender a la pretensión de sufragarlo ya que le era inviable hacer frente a la inversión que suponía: 800 ducados para costear el jardín botánico y la cátedra de Cirugía de la facultad de Medicina.


EL CUADRO DEL PRESIDENTE EN EL PRADO DE LA MAGDALENA. 1842
Setenta años después del fallido intento por crear un botánico, la Universidad en su claustro del 6 de diciembre de 1842 volvió a plantear tal necesidad, aprobando ese mismo día la propuesta. El 21 de enero siguiente la comisión encargada de adquirir un terreno para su instalación comunicó que había reconocido y desechado una ribera situada fuera de la Puerta de Santa Clara y también el antiguo huerto del convento de la Merced Descalza. El primero, por estar cubierta la parte alta de la ribera de guijarro y la baja por su proximidad al Pisuerga cuyas inundaciones la cubrían de arena. El segundo, por no localizar a su propietario, D. Pedro Martín, para que cediese a la Universidad sus derechos sobre el terreno.


Por estas circunstancias, el rector Claudio Moyano propuso el 2 de septiembre de 1843 adquirir el espacio que ocupaban “varias casas muy malas” con sus respectivos corrales que se abrían al Corral de las Doncellas para instalar sobre el solar resultante de su derribo el jardín botánico así como unas secretarías. Evidentemente, su iniciativa era más operativa que las anteriores pues de este modo alumnos y profesores no abandonarían el recinto universitario para hacer prácticas en el huerto y, además, el terreno que ocupaba la Universidad continuaba aumentado en la misma manzana. Sin embargo, la Junta de Hacienda no atendió esta propuesta y hubo que esperar al 26 de marzo de 1844 para que una nueva comisión se encargase de evaluar otros terrenos para su instalación.


Aquel 1 de abril el rector y la comisión se personaron en el Ayuntamiento comunicando a su gobierno que no habían encontrado otro lugar más apropiado que “un cuadro en el Prado de la Magdalena inmediato al edificio de la capitanía general”, perteneciente a sus Propios, solicitando pues su cesión, bien fueran en venta o imponiendo un canon en la forma más conveniente. Al Ayuntamiento le pareció bien esta propuesta y al día siguiente nombró su propia comisión para abordar el asunto encargándose Juan Manso, agrimensor titular del municipio, de deslindar, medir y evaluar el terreno así como de calcular la indemnización que debería recibir Francisco Arrontes, por entonces arrendatario del terreno.


Su informe lo entregó el día 6 y en él aborda los límites y extensión de la parcela solicitada por la Universidad, la calidad del suelo y los beneficios que supondría para la ciudad la instalación del jardín. Según el agrimensor, el “Cuadro del Presidente” era una porción de tierra accesoria al palacio de la Capitanía General y Audiencia Territorial que por el Este limitaba con la calzada Real de Burgos; al Sur, con el cauce interior del Esgueva; por el Oeste, con un paseo que se abría a la calle del Prado y a las Descalzas Reales; y, al Norte, con las tapias de los corrales de la Audiencia, que antes habían sido jardines y huertas del Tribunal de la Chancillería. El terreno poseía una extensión de 2.782 estadales cuadrados de diez pies de lado (es decir, 27.820 m2). Sin embargo, propuso que el Ayuntamiento no cediera la parte sur para salvar la arbolada que acompañaba al cauce del Esgueva y su paseo anexo, haciendo entrega así de una superficie de 2.400 estadales (24.000 m2) cuyo valor ascendía a 5.000 reales.


Según Manso, el solar elegido [hoy ocupado por el Hospital Clínico Universitario] reunía cualidades excelentes para instalar en él un jardín botánico; su situación era cómoda pues se hallaba cerca de la población pero a la vez independiente con respecto a otros terrenos del Prado gracias a los paseos y tapias que lo circundaban; su entorno era muy agradable por la arbolada, el río y el edificio de la Audiencia; el terreno era “suelto”, llano y puro, con un gran fondo de tierra vegetal que favorecía el crecimiento de los especímenes que habrían de plantarse, y templado por hallarse defendido de los vientos del norte y del noreste “cuya corriente impetuosa y constante perjudica a la vegetación del país en la campiña”.


Respecto a la indemnización que debía percibir Arrontes, el agrimensor creyó justo rebajarle por cada año de los tres que le quedaban de arriendo 700 reales, de manera que en vez de los 5.004 reales anuales en que estaba escriturado el arriendo total de tierras en el Prado de la Magdalena, se debía quedar en 4.304 reales tras perder el “cuadro” que la Universidad solicitaba al Ayuntamiento. Sin embargo, la comisión creyó justo rebajar la renta de Arrontes a 3.004 reales.


El 18 de mayo llega a la Universidad la aprobación de cesión del terreno solicitado, aunque se debía esperar para hacer uso de éste a que Arrontes recogiese el fruto pendiente de la cosecha; una cesión gratuita y que tenía una condición muy específica: si el terreno se utilizaba para otros fines que no fueran instalar un jardín botánico, se dejaba de establecer o de conservar, el Ayuntamiento se guardaba el derecho de reclamar el terreno cedido. El Jefe Político dio autorización, vista en el Ayuntamiento del 15 de junio, y las escrituras de cesión se formalizaron el día 17 ante el escribano del número D. Pedro de Solís.


El 28 de junio la comisión pidió al claustro 1.000 duros para dar principio a la obra y tres meses después, el 10 de octubre, la Universidad entregó a Manso 1.822 ptas. por “los jornales y huebras empleados en estas dos últimas semanas, en la explanación del jardín botánico de este establecimiento, y por el plano, nivelación y dirección de ello”. Adecuado el terreno sólo quedaba construir el jardín. El 14 de mayo del año siguiente, 1845, el rector propuso a la Junta de Hacienda conceder al agrimensor la licencia necesaria para levantar su plano y formalizar su presupuesto con el fin de remitir al Gobierno la propuesta, solicitar su aprobación y los fondos con qué sufragarla.


Sin embargo, y aunque la Junta lo autorizó, la suspensión de la disciplina de Medicina y Cirugía en la Universidad de Valladolid, y el consecuente traslado de la facultad a Salamanca, paralizó el proyecto de construcción del jardín botánico. Por ello no extraña que el Ayuntamiento, el 3 de noviembre de 1846, sabiendo que en el terreno cedido no se había intervenido “ni esperando que ya se hiciera”, se planteó reclamarlo y ponerlo de nuevo en arriendo, decisión que comunicó al rectorado días después con el ofrecimiento de volver a cederlo si en cualquier otro momento la Universidad volvía a tener necesidad de construir un jardín botánico. El 15 de enero de 1847 ésta devolvió al municipio el denominado “cuadro del Presidente”.

EL JARDÍN BOTÁNICO EN EL CORRAL DE LAS DONCELLAS. 1849
La necesidad volvió a surgir en 1849 pero con importantes novedades respecto al pasado. Esta vez el jardín botánico no se vincularía a la facultad de Medicina, la cual no regresaría a Valladolid hasta 1857, sino a la de Ciencias. Tampoco la Universidad volvió a solicitar al Ayuntamiento el “cuadro del Presidente” sino que recogió la idea que había tenido años atrás el rector Claudio Moyano de instalarlo en el denominado Corral de las Doncellas.


Para ello se produjo una permuta de propiedades entre el Cabildo catedralicio y la Universidad. El rector solicitó al Ministerio de Comercio, Instrucción y Obras Públicas autorización para que la catedral les transfiriera siete casas, numeradas del 4 al 10, que poseía en el Corral de las Doncellas valoradas por el agrimensor de la ciudad Manuel Caballero de Orduña en 18.296 reales y una renta anual de 1.438 reales. A cambio, la Universidad entregaría a la catedral las cuatro que poseía en el Corralillo de las Paneras, situado en la calle Itera, y la número 6 de la calle de San Antón, cuya renta anual sumaba el equivalente y que se valoraron en 18.328 reales. La autorización ministerial permitió cerrar la operación el 13 de agosto.


La Universidad destinó 20.883 ptas. para la creación del botánico, pero como se abonó en cuatro pagos de 5.470 ptas. a lo largo de 1850 el costo total de su construcción ascendió a 21.880 ptas.


En 1851 se pensaba ampliar su solar pues la institución, al declarar ese año sus “propiedades, censos y demás derechos”, confirmó que poseía “una panera en el corral de Doncellas en esta ciudad la cual no produce nada por estar destinada a ensanchar” el jardín, cuyo derribo se produjo al año siguiente.


La ubicación y extensión del jardín botánico la conocemos gracias al plano del antiguo edificio universitario delineado en 1909 por el arquitecto Teodosio Torres. Tenía forma trapezoidal y, desde el exterior se accedía a él por la calle Doncellas a través de una puerta flanqueada por pilares de piedra de los que aún subsisten dos. Al Este lindaba con la crujía en donde se hallaba el laboratorio de química, la cátedra n.º 7, el Gabinete de Ciencias Naturales y la cátedra n.º 6; al Oeste con casas, patios y corrales de edificios situados en las calles López Gómez, Tercias y Doncellas; al Norte con el invernadero; y al Sur con traseras de viviendas de la calle Núñez de Arce.


Lógicamente, el recinto disponía de pozo y de noria; también contaba con un invernadero y el jardinero que lo atendía gozaba de vivienda junto a la entrada al jardín; precisamente, en 1876, el arquitecto Segundo de Rezola solicitó licencia para cerrar un piso de la misma y construir su propio pozo. Es la casa que aún subsiste sin uso, junto a la puerta de Doncellas, y que ocupó durante muchos años el conserje de la Universidad.


Podría hacerse una investigación sobre el contenido de este jardín pues sabemos que la Universidad adquiría periódicamente plantas con destino a su invernadero. Así, en 1877 compró 84 nuevas especies entre las que se hallaban coníferas, helechos, plantas de flor como las bignonias [consultar el listado anexo donde se detallan] y, al año siguiente, otros 102 ejemplares de “plantas vivas” procedentes de Orleans, que correspondían principalmente a los géneros de Aralia, Daphne, Arbutus, Yucca y Abies, Araucaria y Bambusa.


LA DESTRUCCIÓN DEL BOTÁNICO. 1909
La vida del jardín botánico perduró hasta 1909 cuando el arquitecto Teodosio Torres, responsable de proyectar el nuevo edifico de la Universidad, lo excluyó del diseño que hizo para el complejo académico. El rector Didio González Ibarra se dirigió el 2 de noviembre al Ministerio exponiendo la conveniencia de adquirir varias casas situadas en la plaza de la Universidad (las n.º 7, 10 y 11), calle Arribas (hoy López Gómez, nº 32) y Doncellas (nº 3), “con objeto de dar luz a varios salones del edificio proyectado por Teodosio Torres y de implantar un jardín botánico”. Su solicitud la tuvo en cuenta la Junta de construcciones civiles que nombró a Fernando Arbós responsable de estudiar la propuesta y el cual reconoció que, con el nuevo proyecto, “el antiguo jardín botánico queda inutilizado, lo que contribuye a solicitar la adquisición de nuevas fincas”.


La Junta propuso al subsecretario de Instrucción Pública varias soluciones para hacer frente a los problemas de espacio que provocaba la construcción del edificio de Torres: “Dejar instaladas las facultades de Derecho y Filosofía en [el Colegio de] San Gregorio, con la Administración de Hacienda, y construir en el solar de la Universidad locales para la facultad de ciencias, paraninfo, rectorado y jardín botánico”; reformar el proyecto “reduciendo algunos de los servicios y adquiriendo tres fincas contiguas” o “adquirir todas las fincas indicadas”. No obstante se hizo caso omiso de estas propuestas pues el proyecto de Torres apenas se modificó, acarreando al nuevo complejo universitario los graves problemas de espacio que ya habían anunciado los detractores del mismo.


Iniciado el derribo del edificio de la vieja Universidad, Emiliano Rodríguez Risueño, decano de la facultad de Ciencias, se quejaba el 2 de junio de 1909, a propósito del botánico, de que “el arquitecto lo destrozó sin contar conmigo, quizá por creer que eran terrenos comunales”. En parte del espacio que ocupó el antiguo botánico se levantó la crujía Este del segundo claustro del nuevo edificio, donde se hallaban las dependencias de la facultad de Ciencias: el laboratorio y la cátedra de química (en el piso principal), el Museo de Historia Natural y el laboratorio de biología y geología (en el superior).


Todavía en 1932, Abelardo Bartolomé y del Cerro, catedrático de H.ª Natural de aquella facultad, se lamentaba de que “las obras de reconstrucción de la Universidad le cercenaron y destruyeron, dejando escombros y piedras que fueron haciéndose desaparecer, hasta tener el jardín actual”.


EL BOTÁNICO DA PASO A UN JARDIN ORNAMENTAL EN LOS AÑOS 20-30.
Alentado por el Art. 4.ª del R.D. del 9 de noviembre de 1901 sobre la enseñanza de ciencias naturales, que decía: “Se procurará igualmente que exista un Jardín Botánico en cada uno de los referidos establecimientos [universidades e institutos], quedando prohibido en absoluto que en ellos se cultiven otras plantas que las destinadas al estudio. Se dedicará también una parcela de terreno para las prácticas de Agricultura encomendadas al Profesor de esta asignatura”, el citado profesor no dejó de insistir en la necesidad de recuperar, en favor de la enseñanza, el botánico de la universidad vallisoletana reaprovechando el jardín que por entonces la circundaba.


En junta del 26 de septiembre de 1921 manifestó “la necesidad absoluta de creación de una Escuela Botánica, de la que se obtengan ejemplares para el estudio de las plantas, sin cuyo medio es ineficaz su conocimiento, para lo que se podría aprovechar todo el terreno circundante al edifico de la Universidad, pero con el propósito de adquirir, cuanto antes, los terrenos colindantes sin construcciones” y a la que se podría dar entrada “por la galería baja inmediata al paraninfo”. Para iniciar su instalación, el año anterior había advertido de lo útil que sería adquirir el terreno denominado “huerta de Taladriz” perteneciente a la casa sobre la que construyó el edificio Rector Tejerina, junto a la desaparecida torre del observatorio meteorológico, que por su derecha lindaba con el antiguo paraninfo y topaba con las traseras de las casas que se abrían a la calle Tercias.


Si el botánico llegaba a crearse, atendiendo al Art. 7º del dicho R.D., que decía: “Los Catedráticos de Historia Natural de las Universidades, y éstos y los de Agricultura en los Institutos, son Jefes natos de los Museos y de los Jardines Botánicos de los establecimientos respectivos”, Bartolomé y del Cerro como responsable del Museo de Historia Natural, se comprometió en 1932 a dirigirlo. Sus iniciativas las recogió en el discurso que dio con motivo del acto inaugural del curso académico 1933-1934, publicado bajo el título “De mi Universidad, por y para ella”. Sin embargo, sus desvelos quedaron sólo en eso; el gobierno universitario no aprobó la propuesta de volver a crear un jardín botánico porque ni siquiera se llegó a tratar en claustro.

Lo que en cambio se hizo fue adquirir varias viviendas en la plaza de la Universidad, pegadas a la derecha de su fachada barroca lo cual demuestra que se había decidido destinar a jardín el espacio resultante, dándole su acceso principal por la plaza de la Universidad y ocupar todo el área disponible entonces hasta unirla con la zona nuevamente ajardinada que antes había funcionado como botánico. Por último, a causa del derribo de las casas n.º 4 y 5 pertenecientes al patronato universitario, el arquitecto Constantino Candeira firmó en agosto de 1936 los dibujos para levantar una tapia provisional en el ángulo de la calle López Gómez y la plaza de la Universidad empalmando con la ya existente en la plaza, formada por pilares de piedra. En 1953 se remplazaría ese cierre provisional por el que todavía conserva, diseñado igualmente por Candeira.


Las dos parcelas que funcionaron como jardín, unidas por un estrecho pasillo motivado por la proximidad de la vivienda nº 32 de la calle López Gómez, desaparecieron en 1968 cuando la primera se ocupó parcialmente por la construcción que aloja el nuevo paraninfo y la segunda al edificarse el pabellón que en la actualidad ocupa la facultad de Derecho.


Hoy del jardín únicamente subsisten unos pocos árboles encajonados por las traseras del nuevo paraninfo, su cerramiento exterior de piedra y la verja metálica que da vuelta desde la plaza de la Universidad por López Gómez hasta topar con la mencionada vivienda particular; su entrada por la calle Doncellas; y la casita del jardinero, que está pidiendo su pronta rehabilitación y un destino apropiado, lo mismo que la zona residual de esta parcela, convertida en un inadecuado aparcamiento en lugar de un evocador recuerdo de un pasado no tan lejano de nuestra institución.

 

Documentación:
AU. Libro 16, fols. 363vº y 364r, 376r y 394vº-395vº; libro 299 fols. 12r y vº, 91r y vº, 146vº, 149vº, 160r, 165vº; libro 458, fol. 9vº; libro 469, fol. 2vº; legajo 3070, s.f.
AMVa. Expediente 1767/1772, sig: 89-0; expediente 2414, sig. CH 236-20; expediente 1844, sig. 129-0; expediente 33134, sig. CH 320-97; expediente 13134, sig. 804-32.
AHPVa. Leg. 8421, fols. 454r-465vo

Bibliografía:
A. BARTOLOMÉ DEL CERRO. De mi Universidad, por y para ella. Discurso leído en la solemne inauguración del curso académico de 1933 a 1934. Valladolid, 1933, pp. 35, 37, 49-53, y 89.; E. NIÑO. Historia de la facultad de Ciencias. Valladolid, 1967, pp. 23 y 31-32.; L. CORRAL. El derribo de la Universidad de Valladolid en 1909. Valladolid, 1918, pp. 40-43.; M. J. REDONDO CANTERA. “La modernización de la Universidad de Valladolid en el siglo XIX a través de su arquitectura: Proyectos y realizaciones (1841-1909)” en BSAA, T. 36, 1997, p. 561. Memoria acerca del estado de la enseñanza en la Universidad de Valladolid […] en el curso de 1861 y 1862 y anuario de 1862-1863. Valladolid, 1863, p. 6.; Memoria sobre el estado de la instrucción en la Universidad Literaria de Valladolid en el año académico de 1877 a 1878. Valladolid, 1878, p. 26.; Memoria sobre el estado de la instrucción en la Universidad Literaria de Valladolid en el año académico de 1877 a 1878. Valladolid, 1879, p. 31. 

© De las imágenes: J. Urrea, MUVa y AMVa

Anexo: Listado de plantas adquiridas para el jardín botánico de esta Universidad en 1877

Aucuba lismalaica

Abies pinsapo, Boiss

Aralia Sineboldies, Hort

Myrtus micropliylla, M.A.

Retinospora cricoides

Polypodium aureum VV

Rhododendrun Arboreum Smit

Arancaria imbricate Pad

Asplhodelus

Begonia hidrocot y lifolia, Itock

Tradescantia discolor, ait

Alternauthera spatulata, Lem

Portulacana Abra Iacg

Begonia Semperfloreus, Link

Crasula Lactea, Ait

Rhipsalis Salicornioides Tla VV

Euforbia grancile, Havv

Aloe Tuberculata, Lag

Aloe Atrovireus, D.C.

Sempervivum hawortis tt. Ang.

Aloe distems. Havv

Memsembrianthemum acinacifornius L.

Epiphyllam Alatum

Cereus pentagonus

Echeveries coccinea, D.C.

Enphorbia nercifolia, D.C.

Cereus mainaroli Paxt

Epiphyllum truncatum

Maminillaria temis D.C.

Opuntia imbricuta

Aloe spiralis L

Mammillaria gracilis Pfeiff

Opuntia corrugate tt. Ang.

Cotiledon orbiculata L

Opuntia curassavica Mil

Rochea jalcata D.C.

Aloe recurbata, Stavv

Mesemcryabthenum concle, L

Enphorbia globosa, Sicus

Enphorbia pucatoria Ait

Opuntia gracilis, Mart

Rhipsalis saglionis Ott

Cerens grandiflorus Mill

Sempervivum urbicum ttorn

Opuntia pusilla, Salm. D. y ck

Kleinia anteuphorbium D.C.

Crasula perfosa, Lam

Crassula spatulata, Humb

Aloe macra ttavv

Aloe triangularis

Peperduia incequilalifolin, R.P.

Nerium splenderus

Ficus repeus

Chamacrrops excels

Camellia tricolor

Azalea índica

Azalea Amdena

Arbutos floribunda ttort

Auncuba longifolia ttort

Auncuba sulfúrea ttort

Lonicera aureorcticulata, Lin

Bignonia capreolata, Lin

Bignonia grandiflora

Bignonia radicaus

Bignonia raolicans speciosa

Bignonia sanguínea

Pittosponun clinense

Berberis aguifolium

Eriytrhina cristagalli

Chamarops humilis

Cyperus alternifolius

Daphue lauaeola

Azalea índica

Skimmia japouica

Skimmia fragans

Skimmia sieboldii

Bichardia Ethiopica

Iucea glancescene

Y gloriosa, Lin

Yueca tricolor, Hort

 

El corral de las Doncellas en el plano de Ventura Seco, 1738
[El corral de las Doncellas en el plano de Ventura Seco, 1738]
Croquis del terreno para instalar el jardín botánico en el Prado de la Magdalena, 1844 por Juan Manso

Croquis del terreno para instalar el jardín botánico en el Prado de la Magdalena, 1844 por Juan Manso

El mismo espacio ocupado por el antiguo seminario (hoy Hospital Clínico Universitario) y viviendas para catedráticos de la Universidad, 1960

El mismo espacio ocupado por el antiguo seminario (hoy Hospital Clínico Universitario) y viviendas para catedráticos de la Universidad, 1960

El jardín botánico en 1909 en el plano de Teodosio Torres

El jardín botánico en 1909 en el plano de Teodosio Torres

Acceso al jardín botánico desde la calle Doncellas

Acceso al jardín botánico desde la calle Doncellas

Pilares de la entrada al botánico desde la calle Doncellas y casa del jardinero

Pilares de la entrada al botánico desde la calle Doncellas y casa del jardinero

Planta del nuevo edificio de la Universidad ocupando parcialmente solar del antiguo botánico, 1915

Planta del nuevo edificio de la Universidad ocupando parcialmente solar del antiguo botánico, 1915

Huerta de Taladriz (hoy Edificio Rector Tejerina) que en 1921 se propuso adquirir para botánico, 1933

Huerta de Taladriz (hoy Edificio Rector Tejerina) que en 1921 se propuso adquirir para botánico, 1933

Viviendas n.º 5, 6 y 7de la plaza de la Universidad en cuyo solar se dispuso el jardín exterior

Viviendas n.º 5, 6 y 7de la plaza de la Universidad en cuyo solar se dispuso el jardín exterior

Entrada al jardín desde la plaza de la Universidad, entre 1926-1936

Entrada al jardín desde la plaza de la Universidad, entre 1926-1936

El jardín exterior visto hacia la plaza de la Universidad, 1933

El jardín exterior visto hacia la plaza de la Universidad, 1933

El jardín interior con la facultad de Ciencias al fondo, 1933

El jardín interior con la facultad de Ciencias al fondo, 1933

El jardín exterior visto desde la torre de la Catedral, d. 1953

El jardín exterior visto desde la torre de la Catedral, d. 1953

Verja diseñada por Constantino Candeira en 1953

Verja diseñada por Constantino Candeira en 1953

Vista aérea del edifico de la Universidad con su jardín interior y exterior, 1960

Vista aérea del edifico de la Universidad con su jardín interior y exterior, 1960



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