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¿Qué fue del Paraninfo de la Universidad?

Uno de los espacios más emblemáticos de cualquier universidad histórica, donde con mayor fuerza se siente el pulso de la vida académica, es el salón principal destinado a celebrar actos tan solemnes como ceremonias de graduación, apertura de curso, investiduras de doctorados Honoris Causa, entrega de premios, recepciones de autoridades... Esta sala se conoce como paraninfo o teatro escolástico.

[16/11/2015] noviembre 2015
Museo de la Universidad de Valladolid (MUVa)
Valladolid
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Aunque etimológicamente la palabra “paraninfo” deriva de la yuxtaposición de dos vocablos griegos: παρά (al lado de) y νύμφη (novia), en el mundo universitario se nombraba con ella a la persona que anunciaba el inicio del curso o al profesor que lo inauguraba con un discurso. Por extensión, acabó denominándose así al salón más noble del edificio universitario.


Nacidos en época contemporánea para atender algunas de las funciones de representación antes señaladas, algunos reaprovecharon espacios que antes habían sido templos o se habían utilizado como cátedras y aulas. Así, el de la Universidad Central o de Madrid se construyó en 1852 sobre el espacio que había ocupado el templo de la Compañía de Jesús o Noviciado; la cátedra general de Derecho Canónico de la Universidad de Salamanca, una vez reformada, se habilitó para este fin en 1862; el de Oviedo se dispuso en 1884 en la antigua capilla universitaria; y el de Granada sobre el teatro de las diputationes de Teología y Filosofía, conservando su magnífica bóveda de hacia 1675.


En cambio otros, no menos importantes, se construyeron ex profeso de nueva planta: el de la Universidad de Valencia, erigido a mediados del siglo XVII aunque reconstruido en el siglo XVIII y en 1869; el de Barcelona, epicentro del fastuoso proyecto desarrollado durante el último tercio del siglo XIX; el de la Universidad de Zaragoza, salón principal del edificio proyectado en 1886; o el de la Universidad de Santiago de Compostela.


El de la Universidad de Valladolid tiene su origen en su propia capilla
El vallisoletano se edificó en el primer cuarto del siglo XX aunque su precedente inmediato fue la capilla universitaria cuya función compartía con la de paraninfo o teatro universitario. En este neurálgico espacio, en palabras escritas por el rector León Corral cuando la derribaron en 1909, “se había desarrollado la vida entera de la Universidad durante los cuatro últimos siglos”.


La capilla, bajo la advocación de San Juan Bautista y ubicada en la galería meridional del patio gótico, era uno de los espacios más antiguos y emblemáticos del Estudio. Bendecida en 1517, desde su origen se conjugaron en ella ceremonias sacras (funciones religiosas como la de San Juan Evangelista y Santa Catalina o la misa por los difuntos al día siguiente de San Nicolás) y profanas (en 1523 el claustro celebró allí reuniones). Con el fin de focalizar la vida académica en la nueva sede de la Universidad (situada entre las calles Librería y Doncellas) y abandonar definitivamente el claustro y capillas de la colegiata de Santa María, los estatutos de la Universidad redactados en 1545 estipularon que “en adelante, será potestativo en la Escuela el celebrar todos los actos en su propia capilla”.


En 1620, aprovechando los graves problemas que aquejaban sus bóvedas, se decidió reformar la imagen y la función de este espacio puesto que cada vez resultaba más insuficiente debido al aumento del cuerpo docente y estudiantil. La capilla sería la sede del teatro o paraninfo de la institución “para lecciones de oposición, principios de San Lucas, grados, honras reales y demás fines”. Por ello se acordó dotarla de mayor espacio anexionado otros adyacentes (panera, sala alta de claustros, parte del Aula de Teología) y sustituir la bóveda de crucería por otra de cañón, encargándose del proyecto el arquitecto Francisco de Praves. Su reinauguración tuvo lugar durante la apertura del curso académico del año 1628.


El proyecto de Teodosio Torres y Emilio Baeza Eguiluz
La capilla-paraninfo continuó siendo un todo hasta el 5 de diciembre de 1908 cuando el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes aprobó “el proyecto de obras de reforma” de la sede histórica de la Universidad de Valladolid, cuyo trazado y dirección recayó en el arquitecto Teodosio Torres (1848-1814) y lo continuó, a su muerte, Emilio Baeza Eguiluz (1866- ca. 1922). La gratuita destrucción de sus locales generó el edificio actual, concluido en 1915, en el que se desarrollaron también notables intervenciones durante el siglo XX.


El espacio sur del segundo patio, perpendicular a la calle Librería, prácticamente sobre el solar que ocupó la capilla, fue el elegido para ubicar el nuevo paraninfo. Formaba testera con la torre del Observatorio Meteorológico, que se abría a la Plaza de Santa Cruz, y se hallaba situado dentro del área que en el nuevo edificio se destinó a Facultad de Ciencias lo cual supondría a la larga el final de su existencia.


Poco antes de materializarse el proyecto de Torres la Junta de Construcciones Civiles emitió un informe en el que señaló los numerosos defectos que éste tenía. Entre ellos, que el paraninfo, con una superficie de 460 m² (sin contar el de su tribuna), con capacidad para novecientos asientos (sin los del estrado), tenía mayor superficie de lo que la Universidad necesitaba. El Ministerio hizo caso omiso al informe y el paraninfo se hizo aún más grande de lo proyectado.


La espectacular sala, que conocemos gracias a varias fotografías tomadas hacia 1925, era rectangular y medía 30 m. de largo, por 16 m. de ancho y 12 m. de alto. Tenía dos accesos gemelos que se abrían en uno de sus muros longitudinales, el que daba al corredor del segundo patio. En el opuesto, hacia el callejón que desde la calle Librería llevaba al Jardín Botánico, se iluminaba mediante cinco grandes ventanales de medio punto decorados con vidrieras de colores con los nombres de las distintas facultades. Entre los grandes ventanales, a izquierda, y los pequeños óculos acristalados que se abrían al pasillo, a derecha, ocho grandes vanos ciegos (cuatro a cada lado) cobijados por pórticos clásicos albergaban los nombres de los reyes protectores de la Universidad. El techo era un cielo raso decorado por moldurones que cajeaban su espacio central.


En su cabecera, encuadrado por un frontispicio a base de columnas pareadas sobre mensulones, entablamento y frontón semicircular, se hallaba el escudo y lema de la Universidad entre ángeles trompeteros. Dentro de aquel frontón se dispuso el escudo de España. Tres eran las inscripciones que decoraban zona del paraninfo: debajo del frontispicio había una rotulata en la que podía leerse “ALFONSO XIII”, a la izquierda de la misma otra mucho más grande y enmarcada por guirnaldas que decía “VITAM IMPENDERE VERO” (consagrar la vida a la búsqueda de la verdad), mientras que su opuesta, a la derecha, rezaba “FAMAM EXTENDERE FACTIS/HOC VIRTUTIS OPUS” (por los hechos se extiende la Fama /Ésta es obra de la virtud). Toda la decoración, de carácter neorrenacentista, no distaba mucho de la que el propio Baeza Eguiluz había proyectado años atrás en el Círculo de Recreo y se encontraba emparentada también con la de los salones del Ayuntamiento de la ciudad.


En lo que respecta a su mobiliario, el suelo del estrado se tapizaba con una gran alfombra sobre la que se disponía la mesa presidencial, una sillería adosada a las paredes (hoy en la llamada Aula Triste del Palacio de Santa Cruz), al igual que su cátedra, entonces adosada a la pared izquierda del recinto. Ultimaban la decoración dos vaciados de yeso procedentes del Museo de Reproducciones que representaban la Venus de Milo y el Apoxiomeno de Lisipo, cuya suerte posterior cabe imaginar.


El incendio de la noche del 4 de abril de 1939 respetó el paraninfo
Por desgracia, la ocupación que sufrió la Universidad en 1938 para instalar en ella la Subsecretaría General de Movimiento y otros servicios del Ministerio de Orden Público supuso la desarticulación muchos de sus salones y aulas. El 19 de febrero de ese año el rector, Julián María Esteban Rubio, envió un telegrama al ministro de Educación Nacional comunicándole que, entre otras muchas dependencias, “habían sido desmontadas algunas cátedras, y totalmente el paraninfo”. En efecto, en esa fecha ya se había vaciado de todos sus muebles y se decía que, de forma inminente, se iba a “dividir mediante tabiques de madera para crear departamentos y oficinas”.


El paraninfo llegó tabicado y desarticulado a 1939, año en el que un incendio devoró el edificio central de la Universidad destruyendo, además de su cubierta y planta principal, el salón de claustros, antedespacho y despacho rectoral, el salón de conferencias, todos los locales ocupados por la Facultad de Filosofía y Letras [biblioteca, decanato, Seminario de arte y arqueología, Seminario de historia moderna y las cátedras], el decanato de Ciencias, la cátedra y departamentos de biología, el Museo de historia natural, la sala de prácticas de física y las viviendas de los subalternos. Sin embargo, el fuego respetó el paraninfo y sólo provocó ligeros desperfectos en su cubierta, “más acentuados en la zona que lindaba con el Torreón del Observatorio Meteorológico”. En cambio la armadura metálica del salón de actos, situado en la primera planta del cuerpo que dividía los dos patios, quedó retorcida por el suelo.


El paraninfo llegó a los años 50 aquejado de graves deterioros
Pese a la inmediata reconstrucción de las zonas afectadas, dirigidas por el arquitecto Constantino Canderia y en las que se invirtió mucho dinero, algunos espacios llegaron a los años 50 sin haber sido atendidos debidamente. El 1 de octubre de 1951 el rector Cayetano de Mergelina y Luna comunicó a la Junta de Gobierno que había escrito al Ministro de Trabajo y al Ministro de Educación Nacional poniéndoles al día de las necesidades más urgentes que tenía la institución y la precaria situación de muchos de sus locales, entre ellos el Paraninfo que por entonces se hallaba completamente inhabilitado, haciéndoles ver que su rehabilitación y acondicionamiento podría ascender a 800.000 ptas.


En aquellos momentos la Universidad utilizaba como paraninfo la sala denominada Aula Magna [hoy Aula Mergelina], insuficiente para dar cabida al público que acudía a las distintas celebraciones pues en ocasiones los asistentes se veían obligados a colocarse en los pasillos y corredores próximos. Las crecientes asociaciones universitarias y su deseo de disponer de un espacio digno para sus actividades culturales aumentaban las presiones para conceder el uso de este espacio. Desafortunadamente, el Ministerio hizo caso omiso a la petición de Mergelina pues el paraninfo continuó inhabilitado y las ceremonias continuaron celebrándose en el Aula Magna.


Tantos eran los problemas de espacio que aquejaban a la Universidad en sus actos y ceremonias que el 22 de febrero de 1957 el nuevo rector, Ignacio Serrano y Serrano, propuso resolver el problema de forma drástica y peculiar: en vez de continuar reclamando al gobierno central la rehabilitación de su antiguo y magnífico paraninfo se limitó a restringir las concesiones del Aula Magna; sólo la Junta de Gobierno sería la encargada de conceder su uso aunque el rector se reservaba el derecho de concederlo para aquellos actos de urgencia o que “requiriesen verdadera importancia y solemnidad”. El resto de las actividades culturales debían celebrarse en el salón de actos de Santa Cruz o en las aulas de las distintas facultades.


La decisión de su derribo
El 9 de abril de 1959 el gobierno de la Universidad, presionado por el decano de Ciencias Salvador Senent Pérez, tomó la grave decisión de derribar una de su estancias más nobles, su paraninfo, y convertirla en clases y laboratorios de esa facultad, según proyecto del arquitecto Julio González, cuya realización se valoró en 3.500.000 ptas. Paradójicamente, ahora sí que se aprobó la obra aunque no hubiese dinero para ella. No obstante, el 22 de mayo la Junta de Gobierno decidió, ante la inminente visita del entonces ministro de Trabajo, conducirle por las dependencias más destacadas de la Universidad, como la biblioteca y sótanos donde tenía su depósito, el pabellón de niños tuberculosos, el palacio de Fabio Nelli, los solares donde podría instalarse el instituto Núñez de Arce y, por supuesto, el paraninfo para que el ministro juzgase “sus posibilidades de aplicación para la Facultad de Ciencias”.


El ministro quedó embaucado con “las ventajas” que le contaron supondría la destrucción de aquel salón y la financiación no tardó en llegar a la Universidad. El 6 de diciembre de 1960, el nuevo rector, Hipólito Durán Sacristán, dio la noticia de que el Ministerio había concedido para tal fin 1.000.000 ptas. Celebrado el concurso de adjudicación, la obra recayó en la constructora “Hijos de León Hernando”.
Así desapareció el espacio más espectacular que nunca había tenido la Universidad de Valladolid, parangonable al de otras universidades españolas.

 

Bibliografía:

Sobre otros paraninfos: A. MARTÍNEZ DHIER. La Facultad de Derecho de la Universidad de Granada: un apunte histórico. http://derechoweb.ugr.es/main/historia/; G. FATÁS. El Edificio Paraninfo de la Universidad de Zaragoza. Historia y Significado Iconográfico. Zaragoza, 1993; F. CANELLA SÉCADES. Historia de la Universidad de Oviedo y noticias de los establecimientos de enseñanza de su distrito (Asturias y León). Oviedo, 1903-1904 (ed. 1995); J. ÁLVAREZ VILLAR. La Universidad de Salamanca, arte y tradiciones. Salamanca, 1972 (ed. 1993; J. R. BARREIRO FERNÁNDEZ (coord.). Historia de la Universidad de Santiago de Compostela, vol. II. Santiago de Compostela, 2000;


Sobre el edificio de la Universidad de Valladolid: J. AGAPITO Y REVILLA, Guía de Valladolid. Valladolid, 1915, pp. 35-36.; L. CORRAL, El derribo de la Universidad de Valladolid en 1909. Valladolid, 1918. R. GARCÍA GONZÁLEZ, “El incendio de la Universidad de Valladolid en el año 1939” en Historia de la Universidad de Valladolid, vol. II. Salamanca, 1989, p. 699.; REDONDO CANTERA, Mª José. “El edificio histórico de la Universidad de Valladolid” en Historia de la Universidad de Valladolid, vol. II. Salamanca, 1989, pp. 654-657. IDEM. Una casa para la Sabiduría. El edificio Histórico de la Universidad de Valladolid. Valladolid, 2002, pp. 38-48 y 63-68. J. URREA y Mª ARANDA, “Nuevas imágenes del edificio y contenido histórico de la Universidad de Valladolid”, Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, nº 45, 2010.

Documentación:
AU. Libro de Juntas de Gobierno, sig. 3044, fols. 117r y ss.; Libro de Juntas de Gobierno, sig. 1340, fols. 105r y ss., 144r y vº, 170vº, 171r, 180r y vº, 183r y vº; Informe de los daños que sufrió la Universidad tras el incendio del 4 de abril de 1939, sig. 1350, s.f.

Situación de la Capilla-Paraninfo en el edificio antiguo de la Universidad
[Situación de la Capilla-Paraninfo en el edificio antiguo de la Universidad]
Interior de la Capilla-Paraninfo en 1909

Interior de la Capilla-Paraninfo en 1909

Capilla-Paraninfo desde la cabecera en 1909

Capilla-Paraninfo desde la cabecera en 1909

Situación del Paraninfo en el edificio moderno de la Universidad, en 1915

Situación del Paraninfo en el edificio moderno de la Universidad, en 1915

Interior del Paraninfo desde los pies

Interior del Paraninfo desde los pies

Cabecera del Paraninfo

Cabecera del Paraninfo

Acto Académico en el Paraninfo visto desde la tribuna, h.1925

Acto Académico en el Paraninfo visto desde la tribuna, h.1925

Presidencia del Paraninfo en Acto Académico celebrado h. 1925

Presidencia del Paraninfo en Acto Académico celebrado h. 1925



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