Elena Toral, nuestra estudiante excelente: "Los Estudios Clásicos aunaban para mí curiosidad y rebeldía"
Quedarse en su pueblo, estudiar lo que le apasionaba y explorar todas las aristas de la vida universitaria. La UVa le ha permitido todo esto a Elena Toral, recién graduada en Estudios Clásicos y alumna del máster de la Facultad de Filosofía y Letras. Gracias a ello, ha podido derribar el manido mito de la falta de salidas: acaba de obtener la beca Santander Excelencia 360º. El esfuerzo y sacrificio de Elena Toral tiene premio, concretamente 12.000 euros que invertirá en su futuro doctorado. La alumna comparte este mérito con sus compañeros y profesores de la UVa, que le han abierto las puertas a prácticas, cursos de idiomas y programas de movilidad. Una proeza que confirma el valor de las Humanidades ante el auge de la inteligencia artificial. Elena Toral le cuenta en primera persona al Gabinete de Comunicación de la UVa cómo ha recibido este reconocimiento:
Quienes me conocen saben que cada día escribo en un cuaderno para anotar la vida. Me resulta emocionante escribir estas líneas sabiendo que, por una vez, van a escapar de la intimidad de sus páginas. Soy Elena Toral, graduada en Estudios Clásicos y beneficiaria de la beca Excelencia 360º 2026. Me han pedido que escriba estas palabras acerca de mi trayectoria hasta aquí, pero no quiero hacerlo sólo a través de los logros que caben en un currículum. Quiero que estas palabras estén empapadas del amor que siento por el entorno que los ha hecho posibles. Estoy muy agradecida por poder compartir esta alegría con mi familia y amigos, mis apoyos fundamentales. La beca es un reconocimiento al esfuerzo de estos años y me permite defender la idea de que es posible obtener grandes logros desde las Humanidades. Pretendo, con ello, seguir adelante con mi formación y emprender una tesis doctoral.
Decidí estudiar en la Universidad de Valladolid sin vacilar por un sentimiento de profundo arraigo por mi pueblo: Portillo. A mis 18 años, me parecía un privilegio tener la oportunidad de cursar estudios universitarios en una institución pública sin necesidad de abandonar la calle en la que me crie cascando piñones y pintando rayuelas con tiza en la acera. A mis 22 años, me lo sigue pareciendo. Mi pueblo tiene una larga tradición de alfareros, confiteros y agricultores. A estos últimos pertenece mi familia, la responsable de enseñarme que el paso del tiempo lo miden las cosechas y que el éxito no está en el destino, sino en el camino. En casa el lenguaje del amor se expresa sentados alrededor de una mesa y la gratitud se materializa en cajas de mantecados.
Estudié en el colegio y en el instituto públicos de Portillo, en los que disfruté de una educación excelente. Siempre me ha gustado leer; el mundo clásico llegó a mi vida a través de la literatura juvenil sobre mitología griega. A la hora de decidir qué estudios universitarios cursar, experimenté la incertidumbre de Plath ante la higuera: incontables posibilidades ante mí y ninguna certeza sobre cuál elegir. Mirándolo desde el presente, no me resulta sorprendente que terminase decantándome por Estudios Clásicos, ya que aunaba dos facetas esenciales para una adolescente a las puertas de tal decisión: me despertaba curiosidad y me parecía “rebelde”. Para muchos de quienes sacábamos buenas notas en el instituto, desviarnos de las ramas del conocimiento menos denostadas constituía todo un acto subversivo frente al utilitarismo de los saberes que prevalece en el mundo contemporáneo. En las Humanidades encontramos una vía para comprender los orígenes de nuestra cultura y desarrollar un pensamiento crítico. En tiempos de Inteligencia Artificial, es cada vez más necesario recordarnos cuál es la esencia que nos hace humanos.
Los años en la universidad han sido una etapa preciosa. He tenido la suerte de tener unos compañeros de promoción brillantes como estudiantes y, aún más importante, como personas. Con ellos he compartido los lugares comunes de la experiencia universitaria: cafés, apuntes, tardes traduciendo, visitas a la biblioteca y una sincera amistad. El equipo docente que nos ha acompañado ha sido el encargado de alimentar nuestra vocación con su pasión, cercanía y compromiso. Nuestros profesores son admirables profesionales y han constituido un apoyo esencial en los momentos más complicados. A pesar de las dificultades, he podido disfrutar plenamente de estos años sin renunciar a mi otra gran pasión, que es la pintura.
En Estudios Clásicos he aprendido las lenguas de las dos civilizaciones fundamentales de la cultura occidental: Grecia y Roma. En sí mismas, constituyen el reflejo del pensamiento de sus hablantes. No obstante, también son valiosas herramientas para acceder a su filosofía, literatura e historia y, por consiguiente, a las herederas del legado clásico.
La Universidad de Valladolid ha sido la casa que ha acogido los primeros pasos de mi formación, que he podido completar disfrutando de su oferta de cursos de idiomas, prácticas y del programa de movilidad SICUE. Por ello, he decidido continuar aquí para los estudios de Máster. La docencia y la investigación me atraen y tengo ilusión por hacer un doctorado que me permita perseguir ambas vías. Quiero seguir formándome y, si la vida me lo permite, la pasaré aprendiendo. Pero, sobre todo, quiero transmitir la belleza y valores de los clásicos para que, con su voz, nos sigan guiando en el futuro.
Elena Toral