Justicia restaurativa, la justicia que pone las necesidades de las personas en el centro del proceso
La Facultad de Derecho de la Universidad de Valladolid acogió ayer un encuentro centrado en la justicia restaurativa y la mediación como herramientas para la transformación del daño en diálogo y de la culpa en responsabilidad. Esta actividad se enmarcó en la programación docente de la asignatura Resolución Alternativa de Conflictos del Grado en Criminología.
La palabra japonesa kintsugi significa literalmente "unión con oro" y da nombre a una técnica artesanal que consiste en reparar piezas de cerámica rota usando laca y polvo de metales preciosos, como oro o plata. Lejos de ocultar las fracturas, esta práctica pretende resaltarlas para que los objetos dañados recuperen su funcionalidad y belleza. Con esta misma filosofía trabajan Azucena Pérez, Amaya Fernández, Enrique Trejo y la Asociación para la Mediación, el Encuentro y la Escucha (AMEE), organizadores del encuentro: reparar para mejorar y continuar.
Azucena Pérez, Amaya Fernández y Enrique Trejo, profesores de la asignatura Resolución Alternativa de Conflictos del Grado en Criminología, en colaboración con Esther Gómez de AMEE acercaron ayer a sus alumnos el testimonio de participantes reales en procesos de justicia restaurativa. El abogado José Aguilar fue, con tan solo 26 años, víctima de un atentado terrorista de ETA cuando era Guardia Civil en Alsasua (Navarra) y desde 2022 participa en encuentros de justicia restaurativa con terroristas arrepentidos. Aguilar ha explicado en numerosas ocasiones que le prometió “al jefe [Dios] que si salía de esa perdonaría a quienes le habían puesto la bomba” y estos encuentros con los miembros de la banda terrorista le han dado la oportunidad de cumplir la promesa. “Gracias a la justicia restaurativa me senté frente a una persona que había cometido delitos graves, que había causado mucho dolor. No fue olvidar. No fue justificar. Fue soltar, sanar.”
El diálogo y la mediación entre la persona víctima de un delito y su ofensor ofrece en una oportunidad de sanación para la víctima y la oportunidad de recuperar la dignidad para el ofensor. La justicia restaurativa actúa como complemento a la justicia normativa, aquella que pone la norma o la ley en el centro, ya que “ayuda a las víctimas a superar el dolor, la ira, el rencor… provocados por el delito. En la mayor parte de los casos para poder seguir adelante y liberar el resentimiento es más importante humanizar al ofensor que conocer la condena o las consecuencias legales”, explica Azucena Pérez, psicóloga y profesora del Departamento de Psicología de la UVa.
Del otro lado, los ofensores que quieren y cumplen unos determinados requisitos son ayudados a través de estos procesos de justicia restaurativa a responsabilizarse de los delitos cometidos. Azucena Pérez, voluntaria en AMEE y participante en estos procesos, explica que “en muchas ocasiones se produce una desconexión moral en las personas que cometen el delito, no son o no pueden hacerse conscientes de su responsabilidad, ya que hace falta mucho valor para ello, ni de los daños causados en víctimas directas e indirectas, lo que dificulta enormemente la reinserción. Es frecuente la vergüenza, pero en menos ocasiones la responsabilización. Por, ello es importante, escucharlos y facilitarles el proceso de recuperación de la dignidad y asunción de la responsabilidad”.
Participó ayer en el encuentro celebrado en la Facultad de Derecho, una persona que actualmente se encuentra en libertad condicional tras cumplir condena por tráfico de estupefacientes. “Habitualmente las víctimas se encuentran con sus ofensores o con personas que han cometido delitos similares. En este caso hemos optado por un perfil diferente al de la víctima para mostrar uno de los casos más complejos en este tipo de justicia: los ofensores por delitos de tráfico. Normalmente este perfil de ofensor es el que resulta más difícil que asuma el delito ya que no son conscientes de que sus acciones tengan víctimas. Por ello, en estos casos es todavía más importante que humanicen a las víctimas. No solo a las personas adictas sino también a sus familias y a su entorno”, explica la psicóloga y voluntaria de AMEE.
El tercer protagonista de la tarde fue Florencio de Marcos, Juez de Vigilancia Penitenciaria de Castilla Y León nº1, quien abordó el enmarque de la justicia restaurativa y el valor de estos procesos no solo para la víctima y el victimario sino para la sociedad al completo.
Esta actividad ha permitido al alumnado del Grado en Criminología acercarse a una realidad que trasciende los manuales y las normas jurídicas: la dimensión humana del delito y de sus consecuencias. Escuchar a quienes han vivido el daño y a quienes buscan responsabilizarse de él permite poner rostro a los procesos de justicia restaurativa, una vía que apuesta por el diálogo, la reparación y la reconstrucción de vínculos allí donde antes solo había ruptura.

